Crónicas, ilusiones, proyectos...¡todo cabe!



domingo, 13 de febrero de 2011

Um domingo em Belém




Cuando el barco llegó después de varios días por el Río Amazonas, yo seguía sin tener muy claro lo que iba a hacer. Había leído en la guía y hablado con la gente sobre varios lugares que tenían muy buena pinta, y todos me llamaban la atención. Lo único que tenía claro es que no quería quedarme en Belém, porque habían muchos edificios y en el barco me habían dicho que era muy peligrosa. Y al final, no sólo me quedé en Belém ese día, sino que volví dos veces más (y no era tan fea ni tan peligrosa como pensaba).


¡Me gustó mucho Belém!


Me decidí por la Ilha do Marajó como mi próximo lugar de visita, pero eran las 7 de la mañana y el barco no salía hasta las 2 de la tarde. Como estaba cansada de tanto barco, decidí quedarme un día para pasear por Belém y seguir hacia Marajó al día siguiente en el barco de las 6 de la mañana.
Así lo hice y la verdad es que creo que fue todo un acierto porque resultó ser un domingo de lo más completo.

Llegué al hostel, descansé un rato y me di una ducha que me dejó como nueva Luego me fui al Mercado Ver-o-peso, donde aproveché para hidratarme y vitaminarme, con agua de coco, sucos y frutas variadas (después de los días de barco me sentaron genial).


Cuando iba caminando hacia la Praça da Republica, me encontré con un camión que estaba anunciando un baile de Carnaval. Era curioso porque en lo alto del camión iba un grupo de música cantando y tocando, detrás iba tocando una batucada, y les seguía un grupo de gente muy animada bailando y bebiendo. Yo al principio estuve sacando fotos de lejos, pero cuando empezaron a desfilar por la calle, terminé uniéndome al animado baile.


Ya en la Praça se paró el cortejo y aproveché para andar entre los puestos de artesanía de todo tipo que la rodeaban. Esta feria de artesanía sólo se pone los domingos, así que fue toda una suerte (las dos veces siguientes que pasé por Belém no coincidí ni con el carnaval ni con la feria).


Por la tarde quedé con Rago, un chico de Couchsurfing, y estuvimos dando una vuelta por la ciudad y tomando unas cervezas. Ahí probé una cerveza hecha con una fruta llamada bacurí que estaba buena para un poco, pero ya al final empalagaba. También probé el "sorvete paraense", un helado de una fruta llamada açai y mandioca, muy rico.

Y ya con todo eso me fui a dormir feliz porque al día siguiente tenía que madrugar para coger el barco a Marajó, después de haber disfrutado de un domingo muy completo en Belém.


Belém se convirtió en estación de parada de mis idas y vueltas entre Marajó y Algodoal. Mis otras dos estancias también fueron breves y las pude compartir con Juan y Cyro (a los que conocí en el barco de Marajó a Belém), con Mônica y Rhalime (dos chicas de Couchsurfing con quienes Juan había quedado y yo me uní) y con Guillermo (a quien conocí en el barco de Parintins y luego volví a coincidir en Algodoal).


Aquí les dejo las fotos de las 3 visitas:

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lunes, 7 de febrero de 2011

O NAVÍO ATÉ BELÉM


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La experiencia del barco desde Parintins a Belém ha sido una de las que más me ha gustado de todo el viaje. Pensé que tres días en un barco serían inaguantables, pero la verdad es que disfruté mucho de estar navegando por el Río Amazonas y del ambiente que se creó en el viaje.

Me subí en Parintins, y me quedé asombrada del tamaño gigante del "navío" como lo llaman aquí, en comparación con los barcos más pequeños en los que había viajado hasta el momento.
Coloqué mi hamaca en un hueco que encontré, cerca de un lugar abierto para que entrara aire y de gente que pareciera de confianza, para poder viajar tranquila.

Allí la comida no estaba incluída en el precio del billete, y por eso la gente aprovechaba para comprar más barato en los puertos en los que el barco paraba. Dentro del barco, lo que tenían era un plato compuesto por feijão (un guiso de judías), arroz, espaguetis y carne. No cabía dentro del plato de tanta comida, y había que dosificarlo, porque era tan contundente que después era difícil moverse e incluso pensar en cualquier otra cosa que no fuera llegar hasta la hamaca. Aparte de eso, que llamaban "prato feito" (plato hecho), el bar del barco también vendían sandwiches mixtos y una especie de sopas de pasta que preparaban en el microondas. Por supuesto, también tenían "cerveja e cachaça".

Pues en poco tiempo formamos una "galera internacional" con el resto de gente que también viajaba de mochila y que estaba formada por argentinos/as, colombianos/as, un chileno, un suizo y yo. La pena fue que la mayor parte del grupo se quedaba en Santarem para ir a Alter do Chão, un sitio precioso que llaman el "caribe brasileño" y a donde me quedó pena de no ir.
El barco llegó a Santarem al amanecer siguiente, así que con el grupo entero sólo compartimos una tarde noche (los conocí ya oscureciendo), pero igual fue un encuentro muy bonito.

Para el resto del trayecto quedamos Tito (el chileno), Christophe (el suizo), Emanuelly y su abuela y yo. Ya éramos como una familia. Yo pude practicar mis dotes de políglota pero ya cuando estaba cansada mezclaba los idiomas y hablaba con la gente en el idioma equivocado. En fin, que una también tiene sus limitaciones...

En mis días del barco también cultivé una nueva afición: Ti, ti, ti. Y es que la hora de la telenovela era sagrada. Durante todo el día ponían una música horrible (creo que se define como tecno-melody o algo así, pero no entiendo mucho) pero a la hora de la novela ya conectaban con la televisión y todo el mundo se sentaba a verla. Eso sí, a veces se perdía la señal y había que estar rodando a cada rato la antena, pero eso era un mal menor.

Yo la veía sólo para practicar el portugués, por supuesto que a mí no me gustan esas cosas (ejem, ejem) pero aquí les dejo uno de los momentos más emocionantes de mi pareja preferida (seguro que la de todo el mundo, porque son tan buenos, tan guapos y oooohhhh no pueden estar juntos... qué dura es la vida!!)

Declaraçao de amor de Edgar a Marcela

Después de Tititi venía otra con un título mejor: "Insensato Coraçao" pero tengo que confesar que no logró conquistar mi interés, creo que porque ya a la hora que la ponían yo estaba cansada y me iba a dormir sobre las 9:30 (es que la hamaca tira mucho!!)

Y así fueron pasando los días, entre parada y parada, subía y bajaba gente, aunque más bien subían, porque ya el último día estaba todo llenísimo de hamacas y tenía que hacer acrobacias (como las de los niños de Manaus) para poder llegar hasta la mía.

Al amanecer del domingo (yo había subido al barco el jueves) llegamos a Belém, una ciudad grande con edificios que contrastaba totalmente con los días de travesía por la selva que habíamos pasado. Tito se iba a Fortaleza, Christophe se iba a Brasilia,... ¿y yo? Aún no sabía lo que iba a hacer...

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jueves, 3 de febrero de 2011

DOS DÍAS EN PARINTINS

En todas las conversaciones siempre hacía la pregunta obligatoria:

"Você é Caprichoso ou Garantido?"



Parintins, en medio del río Amazonas, es más grande de lo que parece. Según la página web de Parintins tiene 100.000 habitantes, según la guía Lonely Planet 70.000 y según mi impresión cuando llegué debe tener unos 2.000. Pero claro, yo sólo me moví por el centro y supongo que en los barrios de la periferia y en las comunidades indígenas y riberiñas vivirá mucha más población.


Me dio la impresión de ser un sitio tranquilo, aunque con muchas motos, triciclos y bastantes coches. Las calles no son muy grandes y lo único que desluce es la iglesia, un edificio gigantesco que desentona totalmente con el medio.


En el día y medio (casi dos) que estuve allí aproveché para pasear a la orilla del río, hablar con la gente (que era encantadora, muy abierta y dispuesta a ayudar) y probar distintos tipos de cerveza en las terrazas del centro.


Virginie ya había vivido tiempo allí y la conocían en la Hospedería Siridó, un sitio bastante cutrillo pero muy céntrico y donde casi éramos una familia. También busqué si había alguien de CouchSurfing por allí y encontré a 4 personas, que resultaron ser todas familia. Al final, sólo pudimos quedar con Junior, y estuvimos tomando algo mientras practicábamos portugués y nos contaba cómo era la vida en Parintins. Me quedé con ganas de estar más tiempo porque dijo que muchos sitios que merecía la pena visitar estaban cerca, pero había que ir en barco, así que lo dejo pendiente para la próxima.


Al día siguiente, el 20 de enero, yo cogía el barco temprano que me llevaría por el Río Amazonas hasta Belém, en la desembocadura. Estuvo toda la noche lloviendo y amaneció igual, sin ninguna pinta de parar. Cogí un taxi porque el puerto actual (el otro está en obras) estaba un poco lejos del centro. Por suerte, decidí ir con tiempo porque tuvimos un pequeño mal entendido el taxista y yo, y en vez del puerto me entendió al aeropuerto, así que el viaje fue un poco más largo de lo normal. Menos mal que el camino se hizo ameno porque me fue contando su vida y la de sus hijas (y por supuesto yo entendía la mitad y la otra la imaginaba).

Cuando llegamos al puerto (esta vez sí era el correcto) me quedé junto a los cobradores de tasas de entrada porque era el único sitio que estaba a resguardo de la lluvia. Supuestamente el barco llegaba a las 8, así que yo estaba allí desde las 7:30h. Al final llegó a las 10 así que me hice amiga de los trabajadores y aparte de conversar, compartieron su desayuno conmigo: una fruta nueva que creo que se llama "uxí" y que tiene un sabor muy curioso. ¡Me gustó mucho!

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miércoles, 2 de febrero de 2011

DE MANAUS A PARINTINS: QUÉ ODISEA!


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Desde nuestra llegada a Brasil habíamos oído hablar de Parintins, especialmente del Festival Boi-Bumba, que se celebra en junio y al que acude todo Brasil. Todavía no sé muy bien en qué consiste, sólo sé que se enfrentan "Os Caprichosos" con "Os Garantidos" y que todo el pueblo se divide en unos o en otros.
Por si se quieren hacer una idea, les dejo el enlace de una página con fotos del Festival.
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Bueno, pues como Virginie tenía que ir a Parintins unos días, yo me decidí a acompañarla y desde allí continuar mi viaje por Brasil.
Para llegar desde Manaus se puede ir en barco o en avión. El avión es muy caro y no tiene el encanto de los viajes en barco que ya he contado, así que por supuesto nuestra opción fue el barco, en una travesía que (supuestamente) duraba alrededor de 17 horas.
No sé muy bien cómo es, pero la cosa es que en Manaus está el puerto oficial, y otro alternativo. El alternativo es más barato y compras los billetes del barco en la calle, en unos vendedores que le ponen el precio que quieren así que por ejemplo, nosotras habíamos pagado 50 reales y por el mismo trayecto unos chicos que conocimos pagaron 70 reales.
Encontramos un sitio perfecto para colocar las hamacas en el tercer piso del barco, donde casi no había gente y lo único es que ponen la música a todo trapo. No nos creíamos nuestra suerte!
Yo amarré mi hamaca tan orgullosa... menos mal que un hombre que estaba al lado me dijo antes de que me fuera a sentar que se me iba a caer, y me la amarró bien.

Bueno, pues ya una vez todo resuelto nos dispusimos a pasar la espera como mejor sabíamos hacer: tumbadas en las hamacas! Virginie estudiaba portugués y yo leía cuando salió el barco.
No había pasado ni una hora del trayecto, antes del Encontro das Aguas, vemos que el barco vuelve a la orilla, a otro puerto más industrial. Eran las 2 de la tarde...

"Pues nada" pensamos, "debe ser que va a recoger a alguien aquí" Y continuamos con nuestra actividad de no hacer nada. Al rato seguíamos allí y oímos que un grupo estaba hablando en la cubierta algo de "motor quebrado". Uy, ya sonaba peor eso...
Al parecer el motor se había roto y estaban intentando arreglarlo. Sólo quedaba esperar.
Cuando eran las 5 algunas personas se empezaron a bajar del barco. Aunque estábamos lejos del centro de Manaus, desde allí todavía se podía llegar en coche y por eso la gente prefería irse y coger el barco al día siguiente. Nosotras no. Nos decidimos a esperar allí hasta que arreglaran el motor ya que no teníamos prisa.

Alrededor de las 7 nos dieron la cena, así que por lo menos esa parte la teníamos resuelta. Ya a esa hora la gente empezaba a impacientarse (hasta ese momento nadie se había quejado) y la tripulación dijo que iba a venir otro barco a buscarnos para continuar el viaje porque todavía no habían arreglado el motor. Pero claro, el barco estaba en el puerto de Manaus y tardaría un poco.
Al rato, seguía sin llegar el barco y dijeron que había tenido que ir a repostar antes de venir... Otro grupo de gente decidió volver a Manaus, y nosotras mirábamos desde la cubierta cómo bajaban el equipaje.

A las 9 o así llegó el otro barco. Era más pequeño que el que teníamos así que íbamos a tener que apurarnos para coger un "buen" sitio. Ése fue el mejor momento porque cuando el otro barco se aproximó al nuestro todo el mundo saltó. Nosotras pasamos desde nuestro tercer piso a través de la barandilla al tercer piso del otro barco y salimos corriendo para colgar nuestras hamacas lo más rápido posible. Por suerte conseguimos un buen puesto (esta vez sí me amarré mi propia hamaca y no se cayó).

Justo cuando ya estaba todo el mundo colocado en el barco nuevo, sonó el motor que ya estaba arreglado (INCREÍBLE!!). Nos miramos con cierta cara de incredulidad, pensando "No puede ser!" y volvimos a descolgar nuestras hamacas y saltar al otro barco para recuperar nuestro anterior espacio. Ya de esa vez me hice experta en amarrar mi hamaca!

Ya el motor estaba arreglado, pero todavía tardó como una hora y media más en salir, así que lo que iba a ser un viaje de 17 horas se convirtió en más de 24. Cosas del BRASIL!

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martes, 25 de enero de 2011

PRIMEROS DIAS DEL 2011

El comienzo del 2011 me dejó un poco descolocada. Estuve unos cuantos días sin energía, recuperándome de la intensa actividad del viaje compartido con las chicas. También sospecho que tuvo algo que ver el hecho de no comerme las uvas. A ver, yo no soy mucho de rituales, pero siempre me ha encantado partir el año comiendo las uvas, porque es una forma de darle la bienvenida al año que está llegando y de pensar en los propósitos y todas esas cosas (eso, o te mueres de risa intentando no ahogarte, que también es muy espiritual).

Este año no tuve eso. Pero igualmente disfruté mucho de la cena y de los fuegos artificiales. Además Fernando me dio un abrazo que, según me dijo, me traía todos los abrazos de Cris, Susana y mi familia...

Pues eso, que los días que pasé en Manaus (hasta el 17 de enero) fueron muy tranquilos, pero eso no quita que tenga un montón de fotos, porque el Igarapé es muy fotogénico.
Estamos empezando la época de lluvias, y el río y los igarapés están subiendo. Llovió mucho (y sigue lloviendo), y como la lluvia refrescaba el ambiente, no hacía el calor agobiante de los primeros días.

La vida en el Igarapé es de lo más animada, porque basta que te pongas a leer o hacer cualquier cosa en la cocina o por fuera de la casa para que aparezca siempre algún niño o niña diciendo "Chía, chía" (así es como suena, pero en realidad es Tía, tía). Así que Virginie y yo les buscamos una actividad para que se entretuvieran pintando , aunque de vez en cuando alguna cera caía por las rendijas del suelo y las perdíamos.
Otra cosa que me llamó mucho la atención es el funcionamiento de la Comunidad, formada por algunos vecinos y vecinas del barrio. Resulta que Brasil está sufriendo muchos cambios últimamente, de cara al Mundial del 2014. Manaus también será sede de algunos partidos y todo ello conlleva una remodelación de la ciudad. Por eso, van a urbanizar la zona de los Igarapés. El problema es que indemnizan a la vecindad, pero tienen que irse a la periferia, mientras que ahora viven muy cerca del centro. La Comunidad se está moviendo para conseguir que una vez urbanizado el Igarapé puedan quedarse ahí.
También tiene una función social dentro del barrio, porque controlan (a su modo) que no entre el tráfico de drogas y se mantenga la calma. En los días que yo estuve tuvo lugar una reunión que resultó muy bonita, porque hablaron con un vecino que tenía problemas con la bebida y que armaba escándalos. Me resultó de lo más "mediador" porque en vez de culparlo o recriminarle su actitud le dijeron que estaban preocupados por él y que querían ayudarle. Él reaccionó pidiendo disculpas y muy "tocado" por el asunto. Fernando estuvo en la reunión y acabó emocionado por la forma en que resolvieron el conflicto.

La verdad es que fueron unos días de mucho aprendizaje, en los que disfruté un montón de poder compartir momentos y charlas con Fernando, Arizete, Virginie, Luisa, Jorge, Eddy, Paulinho, Mariza... y más gente que se cruzó por mi vida.
Desde aquí les mando un abrazo muy fuerte.

Bueno, les dejo con algunos videos que grabé allí:
Acrobacias
Chuva

En este ordenador no puedo subir las fotos a Picasa, así que las puse en Facebook: Pincha aquí para verlas



domingo, 23 de enero de 2011

ULTIMOS DÍAS DEL 2010

Después de nuestros días en territorio Sateré, volvimos a Maués el día 25 de diciembre. Allí nos esperaba el Señor Ary, preocupado porque se nos había hecho un poco tarde (no contábamos con el almuerzo en casa de Julius y con el baño durante la tormenta). Pues el recibimiento en Maués fue muy alegre, al volver a lo que ya era nuestra familia. Allí nos quedamos hasta el día 27, disfrutando de la compañía y del cariño de los Dinelly. Fueron unos días muy animados en los que tuvimos una sesión de karaoke, una celebración, los increíbles masajes de Mariza, la despedida en el muelle de parte de la familia Dinelly que iba para Manaus y diversas actividades de ocio.

El día de nuestra vuelta ya estábamos relajadas pensando que teníamos un día de barco, porque ya conocíamos el procedimiento. Por la mañana fueron a colgar las hamacas para guardar nuestro sitio y allí el capitán dijo que el barco salía a las 18h. El único problema fue que esa tranquilidad no nos duró mucho. A las 16:45h, empezamos a despedirnos y a ir hacia el barco (con todo el tiempo del mundo), y cuando llegamos al puerto el barco estaba saliendo...
OH, NOOOO!!!
Por mucha seña que le hacíamos el capitán no quería volver (después dijo que el barco salía a las 17h). No sé qué fue lo que le hizo cambiar de idea, pero de repente decidió volver y gracias a eso pudimos subir, rápidamente, saltando por la barandilla. Sólo diré que Susana subió con silla y todo, y que ésta fue la cara que se le quedó después del subidón de adrenalina:




Justificar a ambos lados


El resto del viaje fue bastante tranquilo y nos dedicamos a nuestra tarea preferida: ¡dormir!
Eso sí, Susana seguía con su hiperactividad de "quiero aprovecharlo todo", pero al final, cuando descubrió que no tenía con quien hablar y encima le cerraron las vistas porque empezó la lluvia, también cayo en la semisomnolencia...

Llegamos a Manaus el 28 por la noche, y al volver al Igarapé de São Jorge nos estaban esperando nuestros amigos y amigas.
Al día siguiente nos fuimos con energías renovadas (después del guaraná de por la mañana, claro) a conocer Manaus, porque todavía no habíamos paseado por el centro.

Estuvimos en el Mercadão, donde nos asombraban las diferentes frutas desconocidas para nosotras, y nos llegaban tantos colores, olores y sabores nuevos.
También callejeamos por las abarrotadas calles comerciales, y en todos los puestos callejeros de tucumán Fernando pedía un poquito "para que su prima lo probara" (eso era lo que decía, pero ya a esas alturas conocíamos su debilidad por el tucumán).
La verdad es que era un cambio, después de venir de las tranquilas calles de Maués (quitando la calle principal del puerto, que sí tenía más movimiento) y, especialmente, después de nuestros días con el pueblo sateré.
Comimos por el centro también y probamos diferentes sucos (zumos) de frutas que algunas eran buenas y otras hay que acostumbrarse al sabor porque es un poco raro...
También pasamos por la Praça do Artesanato, con diferentes puestos de artesanía indígena.
Ya oscureciendo llegamos al Largo de São Sebastião y al Teatro Amazonas, donde nos reencontramos con el señor Ary, Mariza, Lily y Paulinho, que también estaban en Manaus.
Para mí llegar a esa plaza fue todo un oasis de calma, porque era peatonal y tenía unas terrazas con mesitas para tomar algo o comer que tenían una pinta muy agradable. Y después de la locura de la zona comercial se agradecía la tranquilidad.

Al día siguiente nos quedamos tranquilamente en los alrededores del Igarapé. Siempre recibíamos alguna visita, sobre todo la de los niños y niñas que vivían por allí cerca, y así el día pasaba divertido.
La cuenta atrás para la vuelta a casa de las chicas ya era inminente, y nos embargaba un sentimiento mezclado entre la alegría por la preciosa experiencia que estábamos compartiendo y de tristeza por la llegada del final (bueno, eso lo estoy escribiendo yo y creo que hablo en nombre de las 3 pero corríjanme si me equivoco) :-)

El día 31, último día del 2010, también era el final de nuestra aventura en común. Ellas pasarían el Fin de Año entre un vuelo y otro, en São Paulo. Yo, en Manaus, en una comunidad de Jesuitas, acompañada por Fernando, Arizete, Luisa (otra integrante del equipo itinerante que llegó justo ese día), entre otras personas.

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domingo, 9 de enero de 2011

NATAL EN TIERRA SATERÉ (2ª parte)

... En el capítulo anterior estábamos durmiendo en casa de la familia de Julius. Según nos contaron Arizete y Fernando, todavía no estábamos en territorio indígena demarcado. Aunque ya eran comunidades saterés, la demarcación empezaba justo en la otra orilla del río.

Después del plácido sueño, nos levantamos tempranito (y ya Fernando había desenredado la malhadera del motor) y poco a poco empezó el movimiento en la casa. La mujer de Julius (no recuerdo su nombre) nos preparó un guaraná rallando la piedra de çapó con una lengua de pirarucú (un pez de río del que aprovechan todo, hasta las escamas para limar las uñas y como elemento decorativo).
Después estuvimos conversando y cantando con una guitarra del hijo mayor (volvimos a entonar nuestro ya ensayado Guantanamera) y dimos un paseo por los alrededores de la casa. Allí tienen un granero y un horno para tostar farinha y nos estuvieron explicando también todo el proceso de elaboración del guaraná. El fruto se tuesta, luego se muele y se comprime formando unos bastones que ahúman como el queso.

De allí fuimos a otra comunidad, donde se encuentra el puesto de la FUNAI porque Fernando y Arizete precisaban hablar con Tibursio, el "tushawa" general para obtener información sobre las comunidades en aislamiento. Aquí tenemos que aclarar que el tushawa es el líder político indígena, hay uno en cada comunidad. También está el líder religioso. En este caso Tibursio era el encargado de coordinar todas las comunidades.

¡Ah! Antes de ir a la comunidad paramos en una fuente cerca de la casa para recoger agua para el camino. Allumar, un hijo de Julius, nos acompañó y fue gracias a él que atravesamos la espesura de capín por los caminitos libres sin que se llenara el motor de hierba. Después se quedó en la comunidad "central" porque ese día había un torneo de fútbol (como ven es el deporte universal) entre todas las aldeas de la zona.

Ya una vez hecho esto, nos dirigimos a la Comunidad de Terra Nova, donde íbamos a pasar la Noche Buena, ésta ya situada en territorio demarcado. Nada más llegar, nos dimos un baño en el río para estar fresquitos/as después del viaje.
Llegamos a la hora del almuerzo y junto con la farinha de mandioca, alimento que comen acompañando a todo, pudimos saborear dos variedades de hormigas. Unas se llaman "saúba" creo y las otras no recuerdo el nombre. Para ser sinceras, las más grandes sabían a "bicho" y costaba un poco más tragarlas, pero las pequeñitas estaban ricas. Cris dice que le pegaban como tapa acompañadas con una caña fresquita, para comer en La Placeta...(tenemos que estudiar la posibilidad de hacer negocio). Las preparan con sal y tenían un sabor a limón y pimienta que "se dejaba comer", incluso repetimos. Después nos explicaron que eso que pensábamos que era limon y pimienta era en realidad el ácido fórmico... (siempre hay cosas que es mejor no saber).

Pasamos la tarde allí tranquilas, acompañadas por los niños de la aldea. Nos llamaba la atención que no habían niñas, y después Arizete nos explicó que a las niñas las "guardan" más en las casas y también son las encargadas de cuidar a sus hermanos y hermanas pequeñas.
Los niños se mostraron totalmente sociables y fue muy divertido, porque no sé cómo pero nos entendíamos en una mezcla de español, portugués y sateré (los más pequeñines no hablan portugués). Así aprendimos algunas expresiones básicas, aunque la más utilizada es "Waku Se Se" que se usa para saludar y despedirse, "Waku" también significa gracias. "Kat e~g eset" (se pronuncia kat en eset) y es "¿cómo te llamas?"

Mientras tanto, se iban haciendo los preparativos para la celebración de Noche Buena, entre ellos cortar el turrón que las chicas habían traído desde Canarias y que atrajo la curiosidad de los más pequeños. Un momento muy emocionante de la tarde-noche fue cuando Luzía (la catequista de la aldea) ensayó con los niños las canciones para la ceremonia y de repente, en medio de la semioscuridad, empezaron a cantar con unas voces preciosas y perfectamente entonadas. Ufff, fue asombroso...

La celebración fue muy bonita. En el lugar que hacía las veces de cocina, comedor, salón y dormitorio, con todas las familias de la aldea (bueno, sobre todo las mujeres) y los niños y niñas ya durmiéndose por los rincones. Hubo cantos en sateré, en portugués y en español (con la colaboración inestimable de "Las 3 magníficas" por supuesto) El punto álgido de la noche fue nuestro "Campana sobre Campana" :-)
Nota de Susana:
Fue una noche especial, compartiendo desde la sencillez más absoluta y dejándonos emocionar por las tradiciones indígenas y el cariño de los niños y niñas.

Después, compartimos la comida (arroz, carne, farinha y turrones) y en un momento ya nos fuimos a dormir. Bernardo, el profesor de la aldea, dijo que iba a venir lluvia... y no se equivocó.

¡Ah! pero antes de la lluvia tengo que nombrar un encuentro muy especial que tuvimos con una tarántula gigantesca, que primero se encontró Cristina al lado de nuestras mochilas y luego estaba debajo de la hamaca de Susana (bueno, no sé si era la misma o si eran dos diferentes). Fernando nos dijo que no nos preocupáramos, que no hacían nada porque sólo comen bichitos y todavía no sé si es verdad o no, pero nos tranquilizó en ese momento.

Bueno, llegó el momento de acostarnos en nuestras hamacas con mosquiteros (que parece que no, pero protegen totalmente de todo lo exterior) y ahí fue cuando empezó la lluvia increíblemente fuerte. Susana, Cristina, Paulinho y yo no nos mojamos, pero Arizete de repente sintió que el agua le subía desde el suelo y tuvieron que mudarse en medio de la noche y la lluvia.

Yo recuerdo de esa noche que de repente oí que el perro que dormía a mi lado empezaba a ladrar y aullar. Aquí tengo que hacer una pausa para explicar que durante el almuerzo oí que Bernardo contaba una historia de una "onza" (no sé cómo se escribe ni lo que significa, pero debe ser una especie de pantera, o eso es lo que me imaginaba). Pues resulta que esta "onza" tenía crías cerca de la aldea y se dedicaba a acercarse casi todas las noches a la aldea para cazar gallinas y demás animales para alimentar a sus crías (a que suena bonita la historia, eh?). Bueno, pues la parte que no entendí (porque mi portugués no da para más) es que la gente de la aldea la había seguido un día hasta sus crías y la habían matado. Entonces, volviendo al momento presente, imagínense yo en aquella hamaca con un perro aullando a mi lado (mamá, tú mejor no te lo imagines) y acordándome de aquella historia. Lo primero que pensé fue "ya volvió la "onza" a buscar la cena de Navidad. Y claro, ¿qué hacer en esas circunstancias? Pues lo normal, quedarme quieta dentro de la red sin respirar apenas, esperando a que la supuesta "onza" encontrara un manjar más suculento que yo.
Por supuesto que no pasó nada, no había "onza" ni nada, toda la película me la había montado yo solita. Esa noche no se oía el ruido de los animales de la selva ni nada, sólo la lluvia cayendo fuerte, y así fue como nos dormimos.

Al día siguiente, nos levantamos en plena forma. La lluvia había dejado paso a un día claro y soleado. Desayunamos un preparado riquísimo con leche y avena (además de nuestro ya necesario guaraná) y dimos un paseo por la aldea para conocer la escuela y la pequeña capilla.
Los niños se mostraban más tímidos que la tarde anterior, aunque Angelo seguía repitiendo su simpático "Susaaana", "Cristiiiina",... Sólo Jonison y Paukemi nos acompañaban, con esa mirada profunda y esa sonrisa tímida.

Recogimos todo para que no se nos hiciera muy tarde y nos dirigimos al río para continuar camino en nuestra boadera. Era el día 25 de diciembre, cumpleaños de Luzía (una mujer valiente y fuerte que sacó sola a su familia adelante) así que le cantamos el Parabens (Cumpleaños Feliz) y después les pedimos que nos cantara una de las canciones que entonaron la noche anterior. Aquí está, junto a Jonison y Paukemi, en una melodía que se nos quedó muy grabada en el corazón:




El día de Navidad, al salir de allí, nos dirigimos de vuelta a casa de Julius y su familia.
Su hija nos había invitado junto a otros vecinos y vecinas de su aldea a comer un "porco" o cerdo que ella había criado. Allí disfrutamos de un lindo almuerzo antes de iniciar nuestra travesía de regreso a Maués. Antes de empezar a comer, se hizo la oración de agradecimiento y Arizete habló sobre el concepto de "bem-viver", muy arraigado en el pueblo indígena. No lo sé explicar porque no lo conozco en profundidad pero es muy interesante, sobre todo para aplicarlo a nuestra sociedad en la que muchas veces nos vemos sometidos/as a una lucha imparable por tener más y más. Le preguntaré un poco más y ya se los explico en otro momento.

Después de comer emprendimos la vuelta a Maués. En general, y una vez que nos arrancó el motor que como siempre se mostraba un poquitín vago, fue un viaje tranquilo. Como íbamos río abajo y más descargados de comida, fue más corto que a la ida. Sin embargo, cuando ya estábamos llegando a Maués (faltaba casi 1 hora o así) se vio llegar una tormenta. La mejor forma de pasarla era adelantarnos a ella y meternos directamente en el agua hasta que la lluvia se fuera. Y así fue, "aparcamos" en una playa tranquila y como dijo Fernando, ya que de todas formas íbamos a acabar mojados y mojadas, mejor hacerlo con el agua templadita del río mientras las frías gotas caían del cielo.

Al llegar a Maués, ya de noche, nos esperaba la familia de Arizete, que ya era también nuestra familia.
Para ver las fotos, pincha aquí.

Pd: me faltó añadir que en estos días se forjó en mí la afición a comer mangas. Reconozco que nunca había sido una fruta que me llamara la atención, pero aquí saben totalmente diferentes, están riquísimas así, recién cogidas del árbol. No tienen nada que ver.Y otra cosa que quería decir fue que de estos días, sólo nos quedó una pena: que no duraran más!!