Crónicas, ilusiones, proyectos...¡todo cabe!



domingo, 9 de octubre de 2011

El tipico dia parisino (sin tildes)

Bueno, antes que nada creo que deberia contar los antecedentes que me han traido hasta aqui, especialmente despues de mi anterior entrada sobre Brasil.
Para quien no lo sepa, este nuevo curso estare en Barcelona, donde voy a estudiar un master que se llama Danza Movimiento Terapia (DMT cuando hay confianza). En que consiste esto de la DMT es algo que ya ire contando a medida que yo lo vaya descubriendo durante el curso, pero bueno, me atrae mucho y quiero probar esa rama de la psicologia.

Pues por esta razon, a principios de octubre fui a Barcelona a terminar de arreglar los papeles de la matricula del master. Estuve dos dias y despues me vine a Dublin (desde donde les escribo ahora). El por que estoy en Dublin es algo que explicare en la proxima entrada del blog, porque ya se ha prestado a mucho cachondeo cuando lo cuento por ahi, asi que prefiero explicarlo con calma.

He descubierto que la mejor forma de ir de Barcelona a Dublin es pasar por Paris, y ahi sucede lo que quiero relatarles hoy. Que conste que no hay archivos graficos que documenten mi dia en Paris porque este ordenador, por algun motivo que desconozco, no tiene puerto USB desde el que descargar las fotos, pero desde que pueda las pondre.

El tipico dia parisino no pasa por la Torre Eiffel, ni consiste en dar un paseo en barco por el Rio Sena, como estaran imaginando. En mi caso, fue una mezcla internacional con comida marroqui y coreana, beber vino caliente en la Fiesta de la Vendimia en Montmartre y terminar la noche en una fiesta brasilena (este ordenador no tiene tildes ni esa letra espanola que ahora mismo no puedo escribir), en casa de un chico belga.
Para que se hagan una idea, el estudio de David (el organizador de la fiesta) no creo que fueran mas de 25 m2. Todavia me pregunto como los vecinos no llamaron a la policia cuando a eso de las 3 de la manana entro un grupo de musica a tocar, compuesto por guitarra, caja, violin, saxo y un enorme contrabajo. Ni tampoco me explico el hecho de que nadie se quejara porque su cama y su sillon estuvieran en el pasillo comun del edificio...

En resumen, fue un dia muy divertido y una noche aun mejor y no puedo cerrar esta entrada sin agradecerle de todo corazon a Marie, Juanillo y Fofo el haberlo compartido conmigo, haciendolo posible.

lunes, 3 de octubre de 2011

Clausura del viaje por tierras brasileiras

Bueno, creo que ha llegado el momento de dar por finalizado el relato de mis vivencias en Brasil. Pensaba dedicarme a estas crónicas durante el tiempo que estuve en El Hierro, pero por un lado me surgieron más cosas que hacer de las que pensaba en un principio, y por el otro, no tenía una conexión muy buena a internet, lo que me llevó a dedicarme a otros placeres más alejados de la tecnología, como la lectura, la contemplación de las puestas de sol, los bailes tradicionales y el soñar despierta...
El hecho de que haya quien me ha dicho que ya no le interesa leer lo que tenga que contar sobre Brasil, que ya ha pasado demasiado tiempo (para quien ande con despiste, volví de allí a finales de febrero), también me ha convencido de que es mejor ahorrarme los detalles.
Aquí les dejo un último regalito de allá, y a quien quiera conocer más, ya se lo contaré algún día bajo la sombra de un árbol o compartiendo un café en alguna terraza (de Barcelona, puesto que es mi próximo destino, con algunas paradas intermedias, ya les contaré).

Regalo desde Iguaçu (o Iguazú, depende del país de donde las veas). Haz clic aquí.

Quería incluir este video en el anterior, pero todavía no he descubierto cómo, así que aquí se los dejo por separado. Haz clic aquí.

Para Facebook: Fotos de Río, Fotos de Salvador

Para Picasa: Fotos de Río, Fotos de Salvador


martes, 12 de julio de 2011

¡ME PASÉ CON EL GUARANÁ!



Hoy es mi primer día en El Hierro y, como me levanté con sensación de cansancio, decidí tomarme un poco de guaraná que me diera algo de energía.

Así que lo primero que hice nada más levantarme fue atemperarme un guaraná…el sonido de la cuchara golpeando en el vaso me recordó a Manaus, cuando me despertaba y me encontraba a Fernando y Arizete ya en la cocina faenado desde bien temprano.

Después de ducharme y comer algunos frutos secos que traje ayer para el barco me puse a colocar las cosas para que “mi casa nueva” tomara forma de hogar. Deshice las maletas y lo único que no pude colocar fue la hamaca que me traje por si tenía donde colgarla. De todas formas, la utilicé para cubrir el espantoso sofá azul chillón de la entrada, que ahora está más discreto, así que no hizo el viaje en vano.

Una vez hecho esto, me preparé un té y mientras esperaba a que se enfriara estuve seleccionando las fotos que pondré en mi próxima entrada del blog (que eran las de Iguazú, por si ya perdieron el hilo). La conexión aquí es algo lenta, pero aún así pude contestar algunos correos pendientes y actualizar mi perfil de couchsurfing, para ofrecer alojamiento aquí durante el tiempo que esté (eso sí, familiares y amistades tienen prioridad cuando quieran venir a quedarse).

Aunque ya se me había hecho un poco tarde, fui a Valverde porque tenía que arreglar unos papeles en el banco, y de camino a desayunar me encontré con un cartel que anunciaba un campo de trabajo juvenil para dinamizar las residencias de mayores de la Isla. Tenía muy buena pinta, así que después de comer algo y de arreglar las cuentas, fui a una oficina del Cabildo para informarme mejor sobre el proyecto. En esta oficina, una chica me dijo que tenía que ir a otro sitio que se encontraba casi saliendo de Valverde. Caminé hasta allí, como 20 minutos, y por el camino me encontré con una oficina de la Cruz Roja. Entré para preguntarle por unos cursos y terminé haciéndome voluntaria.

Total, resumiendo, que lo del Cabildo no era allí, sino justo al lado de la otra oficina a la que ya había entrado así que desandé lo andado. Resultó que el proyecto empieza justo mañana y le quedaba una plaza, la mía, por supuesto (sí, aunque no lo crean todavía, y por poco tiempo, entro en la categoría de juvenil).

Volví a casa llena de ilusión y me puse a pintar un mandala y a leer un rato. También hice el curso on-line previo a mi admisión como voluntaria de Cruz Roja. La chica me dijo que tenía 15 días, pero visto el aluvión de actividades que tendría en los días siguientes, decidí quitármelo de encima.

A eso de las 5 me fui a comer algo, y me encontré con un chico que me sonaba de La Guancha. No recordaba mi nombre ni yo el suyo, pero me dijo: “¿Tu familia estaba relacionada con la medicina, o algo así?” Cuando le dije que sí me dijo que, cito textualmente, "tu madre es la primera mujer que me tocó el miembro viril" (lo siento mamá, tenía que contarlo). Después de esa frase, y tras la mirada extrañada de su compañero de trabajo, nuestra conversación llegó a un punto muerto, así que me fui.

De camino al supermercado para surtir mi cocina de algo comestible, vi un cartel de clases de yoga y apunté el teléfono. Ya casi me había olvidado de eso cuando, al llegar a La Maceta para disfrutar de la puesta de sol, vi a una señora con ese mismo cartel en el coche. Le pregunté si era ella quien daba las clases y al decirme que sí, estuvimos hablando sobre el tema un rato. Al final quedé en que iba a pasarme por sus clases esta semana.

Cuando el sol se escondió y ya estaba todo más oscuro, me fui a la plaza de Tigaday y, aprovechando que casi no quedaba gente, estuve patinando un rato.

Y ahora estoy de nuevo en casa, con música suave, una rica cena acompañada de Viña Frontera bien fresquito, a ver si así me relajo y duermo bien, para no tener que tomar mañana otra vez guaraná porque creo que hoy me pasé con la dosis…

miércoles, 29 de junio de 2011

Una escena "made in Cicely"

Siento tener que interrumpir mis crónicas del viaje por Brasil (que continuaré tras esta pausa), pero es necesario relatar aquí una situación que viví ayer totalmente digna del mejor capítulo de "Doctor en Alaska".

La historia se desarrolla en un tren de cercanías de Barcelona, donde viajaban dos señoras que rondaban los setenta años, muy compuestas y repeinadas. Estaban hablando entre ellas y tenían la típica pinta de "doña", que no sabría explicar pero que seguro se imaginarán.

Junto a mí, entró en el tren una pareja con un niño y nos sentamos cerca de las señoras. Una de ellas se les quedó mirando desde el principio y, de repente, le preguntó a la chica que de dónde eran. Ella no le respondía y miraba a su pareja con cara de duda. Ante este mutismo, la señora seguía insistiendo con su pregunta y añadió: "Pareceis magrebíes" (o algo así).

Todo pasó muy rápido y yo lo primero que pensé fue: 1) Qué señora más entrometida, 2)¿Por qué les preguntará eso? y 3) Seguro que ahora dirá algún comentario xenófobo o hará algún gesto raro (ya se sabe que en el mundo hay gente llena de prejuicios).

Pues, para mi sorpresa, cuando el chico le dijo que eran de Marruecos ella empezó a hablarles en árabe con total soltura. Y luego, cuando él dijo que su esposa no entendía el español, ella le preguntó si hablaba francés y siguió toda la conversación en un perfecto francés, intercalando algunas frases en inglés también.

Fue un viaje de lo más entretenido, gracias al cual se me derrumbaron los prejuicios que tengo contra las "doñas".

jueves, 9 de junio de 2011

SERRA VERDE EXPRESS

Lo mejor de nuestra visita a Curitiba fue hacer el trayecto en el tren Serra Verde Express que atraviesa la Serra do Mar.


El Serra Verde Express discurre por unas vías construídas alrededor de 1880, por una zona que durante mucho tiempo fue impracticable debido a su difícil orografía. Cuenta durante el trayecto con un total de 13 túneles y 67 puentes, pasando por desfiladeros y montañas verdes de mata atlántica. El viaje es impresionante a la vez que acongojante, como pueden ver en la siguiente imagen.




Los domingos el tren va de Curitiba a Paranaguá, pero nuestro viaje llegó al pueblo anterior, llamado Morretes.
Cuando llegamos a Morretes hacía un calor insoportable, porque además era la hora del mediodía y el sol estaba en su punto álgido. Estuvimos paseando por el pueblo y ya al final buscamos algún sitio para comer algo, antes de tomar el ônibus de vuelta a Curitiba. Nuestra idea era almorzar algo fresco y ligero, que era lo que apetecía, pero nos encontramos con que lo típico de Morretes es el "barreado" y, claro, no había otra cosa.

No recuerdo muy bien cómo era la historia, pero según nos contaron, el barreado es la forma de cocinar que utilizan y que fue inventada por las mujeres de allí para dejar la comida lista sin que se estropeara durante unos cuantos días, pudiendo así disfrutar del Carnaval (o algo así).
Se prepara en unos calderos de barro y se tapa con hojas de bananera. Aquí les dejo una receta que encontré del barreado "moderno", preparado con olla a presión.

Receta del Barreado Moderno
Enlace
Pero les recuerdo que es un plato SÓLO apto para el invierno, porque nosotras nos lo comimos en Morretes con 40º o así, y ¡¡casi nos morimos!!

Una cosa que me olvidé de contarles es que el primer día que llegamos a Curitiba, no teníamos muy claro cuál iba a ser nuestro siguiente destino. Bueno, sí, teníamos claro que íbamos a Iguazú, pero lo que no sabíamos era si parar antes en la Ilha do Mel, que está muy cerca de Morretes, y que es una isla de playas paradisiacas y agua de côco... (Isla de la Miel, su nombre sólo ya suena sugerente, ¿verdad?)
Cometimos el error de preguntarle a un taxista "curitibés" su opinión sobre Ilha do Mel, y nos quitó las ganas de ir. Después entendimos que sus reticencias se debían a que le tenía miedo al mar, pero lo cierto es que su poco entusiasmo nos desanimaron y decidimos tomar un vuelo de Curitiba a Foz de Iguaçu, para visitar las maravillosas cataratas.

Fotos extraídas de la web del Serra Verde Express




jueves, 19 de mayo de 2011

RUMBO AL SUR


Aunque ya ha pasado bastante tiempo desde mi vuelta de Brasil, recuerdo como si fuera ayer nuestra salida de Sampa (São Paulo) hacia el sur. Nuestro siguiente destino era Cananéia, un pueblito pesquero perteneciente al Estado de Sao Paulo, a 5 horas de guagua de la gran ciudad (de la que huíamos después de un largo y caluroso fin de semana).

Según la guía, Cananéia cuenta con aproximadamente 13.000 habitantes, si bien yo creo que sólo quedan 100 o así, y el resto está empadronado allí pero viven fuera. Está considerada uno de los primeros asentamientos europeos de Brasil, datando su fundación del año 1531. Eso sí, sus primeros pobladores debieron instalarse en tiendas de campaña porque edificios históricos no vi.


En el trayecto conocimos a una chica de São Paulo, bióloga marina, que trabajaba con los delfines, puesto que en el canal que separa Cananéia de Ilha Comprida hay muchos (por suerte los pudimos ver en el transbordador entre un sitio y otro). Ella nos recomendó un lugar para dormir y luego nos acompañó hasta allí, ya que también se quedaba en esta pousada encantadora.

Para nosotras llegar a Cananéia fue llegar a un remanso de paz, donde pudimos relajarnos, pasear y dormir, cosa que quedándonos en plena Avenida Paulista (la arteria principal de Sampa) nos había resultado bastante complicado.

Ya repuestas continuamos nuestro viaje hacia Curitiba, capital del Estado de Paraná, que tiene cerca de 2 millones de habitantes.

Lo que me llamó la atención de Curitiba, al leer la guía, fue su plan de desarrollo urbanístico (por lo que es famosa, entre otras cosas). Les cuento para ver si ustedes no irían también a una ciudad como ésta. En los últimos 40 años Curitiba ha dado un giro espectacular adoptando unas medidas que en su momento fueron muy innovadoras, gracias principalmente al que fue su alcalde (reelegido tres veces) Jaime Lerner.

Al querer transformar seis manzanas del centro en una zona peatonal, comerciantes de la zona se opusieron, por lo que Lerner mandó a un equipo de operarios un viernes por la noche, de forma clandestina, para arreglar las calles e instalar farolas y macetas. Acabaron la tarea en 72 horas, antes de que pudieran frenar el proyecto. El resultado fue positivo para el comercio puesto que aumentó el número de peatones. Sin embargo, algunas personas disgustadas decidieron entrar en la zona con sus coches. Cuando Lerner se enteró, reunió a varios centenares de niños y niñas en las calles, que se sentaron a pintar cuadros. Fue un éxito total.

Curitiba también cuenta con una red de transporte público muy eficiente. Lerner diseñó una red de guaguas que funciona como el metro. Hay avenidas exclusivas para los "ônibus exprés" (llamadas trinários) y plataformas de embarque a las guaguas en forma de tubo y con venta de billetes. Además, le pidió a la casa Volvo que fabricase unas guaguas más grandes, de doble acordeón.

Otro aspecto en el que Curitiba es puntera es en el reciclaje. Además de la gran concienciación de sus habitantes al separar la basura, implementó un sistema por el que la gente recibe ½ kg de verduras a cambio de 2 kg de basura.

En cuanto a la industria, en la década de 1970 se decidió que Curitiba sólo acogería compañías que no contaminaran, y dispone de un distrito industrial rodeado de grandes zonas verdes.

Bueno, pues después de leer todo esto es lógico que esta ciudad llamara mi atención, aunque reconozco que me gustó más leerla que visitarla, porque realmente tampoco encontré que tuviera gran cosa, más bien todo lo contrario.

Sin duda, lo mejor de nuestro paso por Curitiba fue el tren que nos llevó a través de la Serra Do Mar, pero eso es otro capítulo.

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miércoles, 20 de abril de 2011

MULTI OBLIGADA!

En Sao Paulo comenzó una nueva etapa de mi viaje, ya que se unió a esta aventura mi madre desde Canarias. Dice que se decidió a ir para "asegurarse" de que yo volviera, pero yo sé que lo hizo porque en el fondo es una aventurera, a las dos nos viene de familia, herencia genética de mi abuela.





Su vuelo llegaba a Sao Paulo y yo volé desde Belém para encontrarme con ella. Llegué un día antes y, claro, viniendo desde Algodoal (un sitio sin coches, sin internet y casi sin gente) a una de las ciudades más grandes del mundo... Qué les voy a contar.
Recuerdo que iba caminando por la calle y me acerqué a una señora para preguntarle alguna dirección, y... ¡ni se paró! ¡Qué cosas más raras hace la gente en las ciudades!

L@s paulistas (nombre que reciben sus habitantes) tienen fama en el resto de Brasil de estar siempre con estrés, corriendo y sólo pensando en trabajar. Y el estereotipo parece cumplirse nada más llegar al aeropuerto, donde me cruzaba con un montón de ejecutivos enchaquetados (a pesar del calor que hacía).

La ciudad me pareció caótica, ruidosa, sucia, cara y con un montón de gente tirada en las calles. Nos quedábamos cerca de la Avenida Paulista, que es la arteria principal de la ciudad (y que divide la zona obrera de la más glamurosa) y por la que circulaban coches y coches a todas horas del día y de la noche. Se me hacía difícil conciliar el sueño...

La parte buena de Sampa (nombre cariñoso que se le da a Sao Paulo) es su gran vida cultural. Yo venía del norte, donde la principal (por no decir la única) cultura que se manifiesta es la religiosa, y me sorprendió mucho ver tantas librerías de segunda mano y hasta máquinas expendedoras de libros en las estaciones de metro.
También me conquistó la música. Hasta entonces, la música con la que nos "torturaban" en el barco del Amazonas y en los chiringuitos de Algodoal era una especie de "tecno-melody" por definirlo de algún modo, machacante, insufrible. Yo me preguntaba dónde estaba la cadencia de la deliciosa música brasileña y la encontré aquí:

Buena música en Sampa

Después hablamos con Fabrizio, el señor mayor que sale en el video y que a mí me recordaba totalmente a alguien de la Vieja Trova y nos dijo que en Sao Paulo había grupos de música en todas las esquinas. Después comprobamos que era cierto.
Aquí les dejo otro video, que no me puedo resistir a poner por lo pintoresco de la situación. No recuerdo cómo se llamaba pero en la camiseta de la bailarina que era del Club de Fans aparece una foto y el nombre.

En una calle de Sampa

Los días se nos pasaron paseando y descubriendo algunos de los tantos rincones y barrios "temáticos" que tiene Sampa, como el barrio italiano (al que no fuimos) y Liberdade, el barrio japonés (que te transporta completamente al otro rincón del planeta).

Según me contó mi madre, mi abuela fue en uno de sus viajes del INSERSO a Portugal, y cuando volvió dijo que ya sabía hablar portugués. De ahí, mi madre sacó también la frase que en Brasil iba diciendo a todo el mundo: Multi obligada! (su traducción personal del "gracias").

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martes, 29 de marzo de 2011

Algodoal é PAI-D'ÉGUA!!

"Pai-d'égua" es una expresión que utilizan en el Estado de Pará para referirse a algo que es "muito legal" (muy bueno, genial). Yo la aprendí en Algodoal.

Según leí en la guía, Algodoal es el pueblo principal de la Isla de Maiandeua (que en tupí significa "Madre Tierra"). También hay otros pueblos más pequeños llamados Fortalezinha, Camboinha y Mocooca.
Aunque leí que Algodoal cuenta con alrededor de 1000 habitantes, lo cierto es que en temporada alta esa población debe triplicarse, dado el elevado número de pousadas (yo creo que hay más que casas). Por suerte, a pesar de que yo fui a finales de enero y todavía era temporada de vacaciones estivales, ya debía de estar todo el mundo preparándose para el comienzo del curso (o para los Carnavales, que por algo Brasil es Brasil) porque estaba bastante vacío, y muchos chiringuitos de la playa estaban cerrados.

Yo llegué un jueves, en una tarde lluviosa, y la verdad es que nada más llegar ya estaba preguntando los horarios del barco para irme de allí. Por suerte (aunque en ese momento me pareció toda una desgracia) no habían más barcos hasta el día siguiente. ¡Oh, qué horror! Estaba atrapada en Algodoal...

A ver, les cuento para que se pongan en situación. Al llegar, en lo que buscaba dónde alojarme y esas cosas ya había oscurecido, y llovía. Mi cuarto estaba lleno de mosquitos, tenía un mosquitero encima de la cama que después descubrí que estaba roto (¡me dirán qué funcionalidad puede tener un mosquitero roto!) y lo peor de todo... ¡no tenía dónde colgar mi hamaca!
Estaba muerta de hambre y a la dueña de la Pousada Bela Mar, Dona Bela, le estaban haciendo la pedicura en el comedor, por lo que no me atreví a preguntarle si tenían algo de comer para no molestar. Yo era la única inquilina de la pousada y, por interactuar con alguien, me senté también en el comedor a ver con ellas la novela Ti,ti,ti (sólo por cuestión social, no crean que estaba enganchada ni nada de eso).
Después de la novela, me fui a dar un paseo. Caminé un trocito de calle de tierra, que estaba llena de barro por la lluvia y me metí en el único sitio que vi donde comer algo, una panadería. Claro, ahora lo pienso y si hubiera seguido caminando un poquito más por la "calle principal" me habría encontrado con unos bares con comida de verdad, calentita y muy rica, pero en mi defensa debo alegar que llovía, no había nadie en la calle y estaba todo oscuro.
Así que con todos estos elementos llegué a la cama (creo que no eran ni las 8 de la noche) y después de intentar cubrirme de los mosquitos pensé: "¿y qué pinto yo aquí?" Así que me agobié pensando que tenía que pasar allí una noche para poder coger el barco de vuelta al día siguiente...

¡Ah! Se me olvidaba contar lo único bueno que encontré esa primera noche en Algodoal.
Claro, recuerden que venía de Marajó, donde las temibles "baratas de agua" me aterrorizaban con su volar nocturno. Así que tenía cierta curiosidad por ver qué bicho raro me deparaba este nuevo destino, dada la gran biodiversidad brasileña.
Me llevé una alegría inmensa al descubrir en la puerta de la pousada unos grandes aunque inofensivos sapos, muy lindos y graciosos, aunque un poco babosos (noooo, no me dio por besar a ninguno!)

Al día siguiente ¡salió el sol!
Pues, ya que había decidido que me iba esa misma tarde, quería aprovechar la mañana en la playa. Empecé a pasear sin saber muy bien hacia dónde y me fui encontrando con una playa inmensa.
Algodoal tiene una cosa curiosa, y es que cuando sube la marea se forma un canal de agua que atraviesa la playa. Esa mañana estaba baja y se podía pasar caminando, pero por las tardes había que cruzar el canal en una barquita.

La playa estaba desierta, sólo había algunos grupos de pescadores que lanzaban o recogían sus redes y algunos carros de caballos que atravesaban la arena. Luego, al llegar a la Praia da Princesa los chiringuitos se extendían a lo largo de toda la costa, la mayoría cerrados.

Por el camino, me encontré a Zelo, que había llegado el día anterior en el mismo barco que yo. Nos paramos en un kiosko y, por supuesto, lo primero que me pedí fue un "côco gelado", a esas alturas ya era una empedernida consumidora. Allí, la dueña del chiringuito nos informó de que por la noche habría Carimbó en uno de los bares del pueblo, lo que empezó a crearme serias dudas sobre si irme esa tarde o no.

La culpa fue del Carimbó.

El Carimbó es un ritmo propio del Estado de Pará que se toca con tambores (que según creo son los que reciben el nombre de carimbó), un instrumento de cuerda (creo que es una mandolina o algo así), maracas y sobre todo, mucha cachaça (bebida alcóholica destilada del jugo de la azúcar de caña fermentada)




En cuanto a la danza del Carimbó, es un baile de cortejo, donde el chico agasaja a la chica, mientras se mueven con un paso rápido que sigue el ritmo del tambor. (Ver vídeo)

La primera noche, al principio no me atrevía a bailar, y disfruté mucho escuchando la música y viendo a la gente que bailaba. Como vi que cada un@ bailaba a su propio ritmo, al final me atreví a intentarlo y me encantó. Allí fue donde conocí a Deia, mi mejor profesora de Carimbó.

Para mí ese Carimbó fue un antes y un después en mi estancia en Algodoal. Como aquello era pequeño, al día siguiente de camino a la playa me iba encontrando con gente que me saludaba. Yo no les conocía, pero claro, al ser "la nueva" siempre se llama más la atención.

Los días siguientes se sucedieron entre playa (el agua de mar no tiene nada que ver con la de río, por muy Amazonas que sea), agua de coco, paseos por los alrededores, pescadito, la novela con Dona Bela (que ya me preparaba una silla a su lado y todo), charlas con sus amigas y mucho carimbó.
El grupo era incansable y a cualquier hora del día (y de la noche) te los podías encontrar tocando y cantando en cualquier sitio. También intentaron enseñarme a cantar la estrofa del coro, pero eso ya me resultó imposible y decidí dedicarme a aprender el baile. (Para mi primera visita a Algodoal tenía que plantearme objetivos concretos y realizables).

También me llevé una alegría inmensa al encontrarme, por casualidad, una noche de carimbó con Guillermo, un amigo argentino con quien coincidí algunas horas en el barco de Parintins.

¡Ah! se me olvidaba otra anécdota que denota la inmensa generosidad de la gente de Algodoal. Una noche, recorriendo las calles en busca de algo que hacer, escuchamos música. Al pasar por delante de unas casas vimos que habían tres chicos tocando la guitarra y cantando alrededor de una mesa. Al pararnos a escuchar nos invitaron a entrar, ofreciéndonos sillas, y con un plato de tarta y bebidas para compartir con ellos la celebración del cumpleaños. ¡Fue increíble!

Pues así se me fueron pasando los días y días y nunca encontraba el momento de irme. Ya tengo hasta algunas ideas para abrir algún tipo de negocio allí, así que si alguien quiere asociarse, no tiene más que decirlo.

Cuando finalmente llegó el día en que sí que me tenía que ir, al ir a despedirme de Dona Bela me dijo: "Pensé que te ibas a quedar a vivir aquí". No lo digas dos veces que me convences...

Varias veces me dijeron personas diferentes que Algodoal está "abençoada" (bendecida)... ¡yo también lo creo!

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viernes, 11 de marzo de 2011

A ILHA DE MARAJÓ


Casi sin saberlo, mi espíritu isleño iba marcando la elección de los destinos de mi viaje. Y es que Parintins, Marajó y Algodoal (mi siguiente destino) son islas. Parintins fluvial, Algodoal marina y Marajó mitad y mitad.


La Ilha de Marajó se encuentra en la desembocadura de los ríos Amazonas y Tocantins. Pertenece al Estado de Pará y se llega en barco desde Belém. Según la guía es un poco más grande que Suiza y tiene alrededor de 250.000 habitantes, aunque las pequeñas casitas y las calles de hierba y tierra (más bien barro con la lluvia) que vi en Salvaterra y Soure daban la sensación de que era más pequeño.

Realmente si lo ven en el mapa sólo vi una mínima parte de la isla, la más accesible, pero además de la Ilha de Marajó, el Arquipélago do Marajó tiene cerca de 2500 islas e islotes, según la wikipedia.

Bueno, pues salí de Belém en el barco de las 6:30 de la mañana. Había pasado casi 24 horas en tierra y ya sentía la saudade (nostalgia) de navegante. Sin embargo, este barco no tenía nada que ver con el navío en el que había surcado el Amazonas y, lo más triste, no tenía donde colgar hamacas (oooohhhh!) Tenía dos pisos llenos de butacas, una tele donde ponían las noticias (nada de telenovelas) y una cafetería en la parte trasera.

Tras una travesía de 3 horas llegamos a Camará, el puerto de Marajó, y de allí me dirigí a Salvaterra, donde iba a quedarme algunos días.

Mi llegada a la Pousada Bosque dos Aruas no pudo ser mejor. Repartidos alrededor de un jardín con mangueiras (árbol de la manga) habían unos bungalows de madera, un porche con unas mesitas y música suave y al otro lado el mar. ¡Aquello prometía!

Después de estar en las mesitas del porche un rato charlando con el dueño de la pousada, me fui a mi cuarto y me llevé toda una alegría al ver que tenía donde colgar la hamaca. Ya después de más de un mes durmiendo en “rede” se me hacía rara la dureza de las camas brasileñas.

En la recepción-cafetería de la pousada siempre se podía pasar un rato agradable y tenían muy buena música. Allí fue donde descubrí a esta cantante brasileña, Zelia Duncan.

Zelia Duncan "Enquanto durmo"

Durante los dos días siguientes, mientras estuve en Marajó, estuvo lloviendo sin parar. Al tercer día, cuando ya me iba de vuelta a Belém, salió un sol radiante que invitaba a quedarse en las playas marajoaras.

Todo era pequeño y muy familiar, así que estuve paseando por Salvaterra (donde no había nadie en las horas del mediodía, para que luego digan que aquí no hacen siesta!) y por Soure (la capital de la Ilha de Marajó). Tengo que decir que Soure me gustó bastante más que Salvaterra. A pesar de ser más grande y tener más movimiento, había menos coches y más bicicletas.

Marajó tiene la mayor reserva de búfalos de Brasil, y te los encuentras por la calle, pastando o bañándose. Es famoso en la Isla el queso de búfalo y, por supuesto la carne, pero yo preferí probar sólo el queso…

Bueno, todo esto que he descrito como tan apacible, se transformaba totalmente por la noche, cuando la mayoría de los bichos del lugar despertaban de su letargo diurno para atemorizar a visitantes desacostumbrados. Entre ellos, los más temibles son las “baratas de agua” (cucarachas de agua), que volaban y me fascinaban y espeluznaban a partes iguales.


Cuando me veía allí, dentro de mi hamaca, escuchando por fuera tanta vida nocturna y las baratas que golpeaban contra las paredes de madera y se arrastraban por la escalera haciendo ruido, me venía a la mente “La piel fría”, un libro de Albert Sánchez Piñol, en el que los personajes son asediados por unos seres que salen por la noche, los carasapo.

La primera noche estuve pendiente de los ruidos y de algún que otro bicho que se colaba por debajo de mi puerta. En este caso, mi valentía me hizo tomar la misma firme determinación que cuando creí que una onça nos iba a atacar en la comunidad indígena sateré: enrollarme en la hamaca y hacer el mínimo ruido posible para intentar pasar inadvertida!

Eso sí, la segunda noche me tomé una caipirinha para pasar una mejor noche. Las baratas seguían golpeando las paredes, pero a mí ya me daba igual y me quedé dormida plácidamente en mi hamaca.

El día 26 de enero decidí volver a Belém, y en el barco de vuelta conocí a Cyro (del estado de Minas Gerais) y Juan (de Argentina), con quienes compartí unos camarones, dulce de piña y tapioca con leche de coco, además de una muy agradable conversación y unas risas durante el viaje de vuelta.

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domingo, 13 de febrero de 2011

Um domingo em Belém




Cuando el barco llegó después de varios días por el Río Amazonas, yo seguía sin tener muy claro lo que iba a hacer. Había leído en la guía y hablado con la gente sobre varios lugares que tenían muy buena pinta, y todos me llamaban la atención. Lo único que tenía claro es que no quería quedarme en Belém, porque habían muchos edificios y en el barco me habían dicho que era muy peligrosa. Y al final, no sólo me quedé en Belém ese día, sino que volví dos veces más (y no era tan fea ni tan peligrosa como pensaba).


¡Me gustó mucho Belém!


Me decidí por la Ilha do Marajó como mi próximo lugar de visita, pero eran las 7 de la mañana y el barco no salía hasta las 2 de la tarde. Como estaba cansada de tanto barco, decidí quedarme un día para pasear por Belém y seguir hacia Marajó al día siguiente en el barco de las 6 de la mañana.
Así lo hice y la verdad es que creo que fue todo un acierto porque resultó ser un domingo de lo más completo.

Llegué al hostel, descansé un rato y me di una ducha que me dejó como nueva Luego me fui al Mercado Ver-o-peso, donde aproveché para hidratarme y vitaminarme, con agua de coco, sucos y frutas variadas (después de los días de barco me sentaron genial).


Cuando iba caminando hacia la Praça da Republica, me encontré con un camión que estaba anunciando un baile de Carnaval. Era curioso porque en lo alto del camión iba un grupo de música cantando y tocando, detrás iba tocando una batucada, y les seguía un grupo de gente muy animada bailando y bebiendo. Yo al principio estuve sacando fotos de lejos, pero cuando empezaron a desfilar por la calle, terminé uniéndome al animado baile.


Ya en la Praça se paró el cortejo y aproveché para andar entre los puestos de artesanía de todo tipo que la rodeaban. Esta feria de artesanía sólo se pone los domingos, así que fue toda una suerte (las dos veces siguientes que pasé por Belém no coincidí ni con el carnaval ni con la feria).


Por la tarde quedé con Rago, un chico de Couchsurfing, y estuvimos dando una vuelta por la ciudad y tomando unas cervezas. Ahí probé una cerveza hecha con una fruta llamada bacurí que estaba buena para un poco, pero ya al final empalagaba. También probé el "sorvete paraense", un helado de una fruta llamada açai y mandioca, muy rico.

Y ya con todo eso me fui a dormir feliz porque al día siguiente tenía que madrugar para coger el barco a Marajó, después de haber disfrutado de un domingo muy completo en Belém.


Belém se convirtió en estación de parada de mis idas y vueltas entre Marajó y Algodoal. Mis otras dos estancias también fueron breves y las pude compartir con Juan y Cyro (a los que conocí en el barco de Marajó a Belém), con Mônica y Rhalime (dos chicas de Couchsurfing con quienes Juan había quedado y yo me uní) y con Guillermo (a quien conocí en el barco de Parintins y luego volví a coincidir en Algodoal).


Aquí les dejo las fotos de las 3 visitas:

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